Nacer

 

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“Faire naitre un enfant n’est pas suffisant, il faut aussi le mètre au monde » B. Cyrulnik

Todo es una sonata dentro del vientre de su madre, su voz, el latir de su corazón y los otros órganos del interior de ésta. Todos estos elementos conformaran la banda sonora de su génesis, de sus primeras conexiones nerviosas, que aun cuando no las recordara dejaran una huella, un rasgo en su inconsciente, y probablemente estarán dando forma a su temperamento. Muchos bebés desde lejos primeros meses de vida intrauterina dejan ver o “esconden” esa particularidad temperamental que cada cual tiene al nacer.  Lo demuestran, pruebas recientes de ultrasonido que nos dan, a modo de regalo, datos del mundo sensorial del bebe antes de nacer y con ello de sus respuestas a los diferentes estímulos, en prioridad la  voz, y el estrés de su progenitora.

Y siguiendo el curso de esa sonata onírica, llegado cierto tiempo, como por arte de magia hormonal, se decide a nacer, (otros no, pero eso es otra historia). Viene a este mundo, donde la temperatura es abrupta, (algunos pediatras dicen que el cambio es tan drástico como, poner a un hombre adulto desnudo, a una temperatura de O°C grados), además, es casi ciego, y tardará unos cuantos meses para adaptarse a esta nueva gravedad, a la luz que deslumbran sus ojos aún cerrados y adormecidos por la balada cálida que fue el vientre de su madre. Para él todo irrumpe de manera brusca y repentina, los ruidos, los olores, todo se confunde, entre llantos, risas y la voz un poco más grave de su madre, suerte que ella está ahí, para aliviar tan necesaria “miseria”. Sin embargo ese ser aparentemente frágil, dependiente y que invita a la ternura, no nace tan indefenso y tiene un cúmulo de sorpresas en potencia, y es que su sola concepción y desarrollo, hasta el momento aquel de su nacimiento, han sido una odisea. Este mismo ser arrugado y blanquecino es un guerrero y en el vientre de su madre ya ha librado unas cuantas batallas, y superado algunos obstáculos, el resultado es: un hermoso bebe, con un cerebro cuya perfección esconde una aguda inmadurez, pero al mismo tiempo asombrosa, maleable, con casi todas las neuronas que precisara para el resto de su vida, (cien mil millones de células nerviosas) pero con la necesidad de establecer conexiones, esa será la función de su “nuevo” entorno. Este nuevo mamífero, el más dependiente de su especie, necesitará alimento directo a su boca para nutrir su cuerpo, pero sobre todo, demandará un nido sensorial que le aporte la seguridad, los cuidados y el afecto, para que pueda desarrollarse armónicamente, y con mira hacia la autonomía. Pero para lograr sofisticada proeza, es tal el modo asombroso de cómo esta cableado su cerebro, buscará y necesitará atarse, unirse, establecer un vínculo robusto y vigoroso con esa persona que le cuidará, y le alimentará, por estadística, será su madre, quien a ritmo de nanas, caricias y cuidados lo llevara hacia a papá, (él también está equipado para la crianza de ese recién nacido, y no sólo lo dice la ciencia, lo han visto mis ojos). El padre más que un soporte para la mujer, será otra mirada por la cual, el recién nacido podrá ver ese mundo íntimo que conforman sus padres, el cual le servirá de guía para hacer más soportable la aventura de crecer. Juntos formarán un triángulo sensorial, con sus alianzas, sus rituales conscientes e inconscientes, que a modo de trasmisión serán los cimientos de las primeras interacciones sociales, humanas, y muchas veces sin tener conciencia plena, de lo que será su vida de adulto. No hay que perder de vista, que de lo qué se trata no es sólo de engendrar a un ser, es también introducirlo al mundo y qué mejor si es de manos que aseguren; qué mejor forma de hacer desarrollar su cerebro, (establecer conexiones nerviosas, desarrollar áreas cerebrales…) que nutrirlo de cuidados, de afectos, de proximidad cotidiana, natural, que lo vinculen amorosamente a un entorno rico en experiencias de todo tipo, pero en prioridad positivas, que continúen siendo los andamios donde se construye una personalidad robusta, flexible, empática, y por ende resiliente.

La compleja y hermosa tarea de los padres se resume (desde mi particular mirar) entonces: en que aquella sonata que comenzó en el vientre de su madre, no concluya en una melancólica balada en su infancia, sino en un hermoso allegro, a la libertad, a la autonomía, a la buena estima hacia él y su entorno.