Más allá del lenguaje y la comunicación

“Le corps d’un petit est tellement l’objet de soins maternants, qu’on en oublie qu’il est sujet”. F. Dolto

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Hace unos meses trabajé en la elaboración de un taller acerca de “cómo mejorar la comunicación padres e hijos”, lo que me llevo a desenmarañar una serie de conceptos no tan fáciles de diferenciar, pero muchas veces necesarios para comprender mejor de lo que se habla y en este caso de lo que se escribe, he aquí el efecto de mi breve pero exhaustiva búsqueda.

Resulta apasionante y vasto el tema de la comunicación, así como la relación que existe entre el lenguaje, la cultura, el pensamiento y la conducta. En nosotros los humanos, en lo que respecta a lo biológico asombra la disponibilidad cerebral para adquirir el habla, debe ser por ello que tenemos dos zonas específicas que intervienen en este proceso, aunque tal performance guarda relación intima con otras zonas cerebrales. Tal hito evolutivo parece diferenciarnos de los animales, y nos hace comunes al resto de los seres humanos que poblamos el planeta. Pero la expresión verbal de la lengua (el habla) así como la capacidad de intercambiar ideas, compartir “eso” o “aquello” que sentimos o pensamos de manera que el otro comprenda, no es sólo un proceso biológico, o un logro en el desarrollo del bebé que devendrá hombre, es un complejo fenómeno en el cual interviene la cultura, el medio social, la familia, y los vínculos que el nuevo ser (recién nacido) teje con su entorno más cercano; así como la disponibilidad que sus cuidadores le faciliten para introducirlo al mundo de signos y significantes, silencios y pausas, gestos y mímicas que conforman su lengua. Pues gracias a este proceso que llamamos comunicación y su aliado el lenguaje, el pensamiento evoluciona, la memoria se trabaja y construye; se elaboran conceptos, se adquieren conocimiento y lo más significativo para muchos seres humanos, en el que me incluyo, podemos trasmitir eso que aprendemos, eso que hemos vivido e incluso podemos a través del lenguaje (muchas veces en su representación física, el escrito) hacer un metamorfosis de los eventos pasados, (remanier según Boris Cyrulnik) sobre todo si estos han sido traumáticos. Siguiendo esta idea de la metamorfosis, el hecho de comunicarnos, o poner palabras a lo que sentimos, pensamos y vivimos, nos consiente a los humanos presentar nuestro mundo más íntimo, emocional e incluso desconocido, a ese “otro” (interlocutor) que nos observa, nos escucha y en muchas ocasiones dirige nuestro discurso. Pero para que tal discurso tome sentido y congruencia, o mejor dicho, en la medida que podamos gestionar lo que decimos, las palabras se deben acompañar de ciertas pausas, entonación, ritmo y volumen de la voz, así como de la sintaxis propia de la lengua que se habla, pues solo así el mensaje será entendido o no.

Pero qué relación guarda el lenguaje con nuestra compleja y a veces difícil tarea de acompañar e introducir al mundo a nuestros hijos, de humanizarlos como diría Dolto. Desde los primeros meses de gestación, el oído se encuentra entre los órganones que se desarrollan con mayor rapidez, además el hecho de que el bebe se desenvuelve en un medio muy sonoro, facilita la evolución de este órgano y por consecuencia el sentido del oído. Eso explicaría mejor, que el feto, sobre todo los últimos meses de gestación, reacciona a diferentes sonidos externos, entre ellos la voz de sus padres. Es pues la lengua de la madre que se hace un hueco en el cerebro en plena formación del bebe, su tono y cambios de voz comenzarán a darle las primeras impresiones de quien lo porta y quizás podrá comenzar a representarse el mundo externo que lo aguarda (idea muy cercana a hipótesis pilar de F. Dolto). Una vez venido al mundo, hoy sabemos con certitud, gracias a las neurociencia (aunque con anterioridad se había escrito mucho al respecto), que el recién nacido para ser estimulado de manera natural y armónica necesita que se le hable, su cerebro se desarrolla a través de las interacciones cotidianas, de los intercambios afectivos, de los cuidados, la alimentación diaria… así pues, para que todo esto tome sentido en este ser humano en formación, es primordial la comunicación, las palabras y los gestos que acompañan estos intercambios. Es pues a través del discurso de su madre, padre y hermanos que el bebé descubre ese universo de estímulos casi desconocido. Cada cual desde su realidad, que no es la misma, formarán en ese bebé una idea de lo que le rodea,  de lo que él es, del lugar que ocupa dentro de la dinámica familiar y lo que se espera de él. Es también el lenguaje y las consecutivas palabras que dirigimos al bebé, lo que le impulsará a buscar la autonomía, a salir de la prisión que supone su cuerpo, y a crear sus primeras ideas del mundo. Boris Cyrulnik nos refiere que, cuando el niño aún pre-verbal comienza a señalar con el dedo, es indicio de que hablará, pero también es señal de que entiende cuando se le habla, que comienza a comprender la complejidad de la realidad en la que habita, pero sobre todo, que al señalar con el dedo nos lleva a descubrir eso que le interesa, que le gusta, que quiere comer etc. Dicho de otro modo, pone en manifiesto su deseo, el propio (valga la redundancia), ya no es la madre quien habla por él, es él quien se vuelve dueño de eso que mira, que señala, que le interesa, inicio de una autonomía que muchas veces se acompaña de los primeros pasos.

Continuando con esta idea del impacto de las palabras en la construcción de la personalidad del niño, Laurence Darcurt, (psicóloga clínica y psicoanalista) dice a propósito de esto, “las palabras que dirijamos al niño, aquellas palabras crean sentido para que él pueda llegar a ser sujeto de su historia”. Es pues el lenguaje con toda su riqueza, lo que puede impulsar o frenar el desarrollo del bebé; son entonces las palabras y el cómo las decimos lo que pondrá en escena la belleza de la autonomía, y cuando hablamos de autonomía, hacemos un llamado a eso que el niño piensa y siente por él mismo y de él mismo, lo que otros teóricos de la conducta también llaman autoconcepto y autoestima.

Es pues el lenguaje una forma más de acaricia, de corregir, de control en ambas lecturas, de invitar a la calma, a la introspección, la propia y la de ese otro que nos observa. Hagamos pues un “buen” uso de él y que sea una herramienta positiva para educar con amor, empatía y respeto de lo individual y singular que posee cada niño en construcción.  

En la siguiente entrega, les haré llegar algunas pautas contenidas en el taller referido al inicio y que fueron en parte el porqué de esta entrada. Esperando sean un soporte más accesible al momento de dirigirnos a nuestros hijos, o alumnos, o para mejorar simplemente nuestro modo de dirigirnos a los otros.

Obra de Frida Khalo

Publicado por

Mila

Mujer soñadora, Psicóloga forense, pero sobre todo madre de 3 hijos de los cuales he sido màs alumna que maestra...

2 comentarios en “Más allá del lenguaje y la comunicación”

  1. muchas felicidades por tu interesante blog querida Mila… la forma en que conectas tu propia experiencia con los fundamentos científicos, teóricos, me resulta gratamente interesante. He disfrutado de cada uno de tus escritos, y estaré en espera de los siguientes.

    1. Querida mía, es un honor recibir tu visita,la esperaba con cierta impaciencia. Leer tus comentarios me motiva enormemente a continuar escribiendo y reinventado mi ser humano, seguir creando mi metamorfosis. Gracia al universo por coincidir!

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