La Paternidad y el cerebro del macho humano

“La meilleure chose qu’un pere puisse faire pour ses enfants c’est aimer leur mère” M. Meaney


Hace un par de generaciones en el mundo occidental los hombre tenían un rol menos implicado en la crianza y el cuidado de sus hijos, un fenómeno multifactorial, en donde la cultura, las políticas, la guerra, y los cambios modernos han hecho bascular la figura del padre y replantearse otros modelos de crianza. Las teorías del apego (1941, John Bowlby) alertaron en la necesidad de los cuidados tempranos hacia el recién nacido y la importancia de crear un vínculo seguro en sus primeros 3 años de vida. Los postulados a las que hago referencia suscitaron otras líneas de investigaciones las cuales han demostrado la importancia de la presencia cercana y amorosa del padre dentro de la dinámica de la familia, no solo como sostén de su mujer, sino como otro modo de alianza que el bebé necesita para diferenciar (y diferenciarse) del ya establecido con la madre y consolidar su identidad como un sujeto entero como lo planteaba la psicoanalista F. Dolton. Por suerte, elección, o por mera demanda de las necesidades actuales, el hombre se ha visto más implicado en los cuidados e incluso ha tomado el relevo en la educación de sus retoños.

Esta magnífica ocasión, un padre más presente físicamente y más cercano emocionalmente, ha permitido a los científicos de la conducta humana y las neurociencias indagar en qué pasa en el cerebro del macho humano cuando participa, y se implica emocionalmente con su cría, igualmente saber cuáles son los innumerables beneficios para el bebé, así como para la madre, y en este caso en concreto para el cerebro del hombre.

Parece ser que esta aventura biológica tiene su génesis en la búsqueda de la hembra y la consecutiva vida de pareja, ya que los niveles de testosterona disminuyen, (hormona particularmente masculina, liada a la agresividad y al deseo sexual); y cuando se consolida la relación amorosa, o una vez que se ha conseguido el objetivo, aparearse, formar una familia la hormona masculina se toma un reposo, por lo que durante este período de “calma” van en aumento otras hormonas “particularmente” femeninas (estrógenos y prolactina), estas mismas se hacen más evidentes cuando el hombre se sabe que devendrá papá. Un estudio de la universidad de Harvard mostró que los niveles de testosterona en el hombre disminuyen significativamente durante el embarazo de sus mujeres y va en aumento la prolactina; lo que se ha podido observar es que esta hormona activa los circuitos neuronales relacionados con la conducta protectora en los hombre y la anticipación al llanto del bebé, como también lo mostraron los estudios de Alison Fleming, (profesora de psicología en la Universidad de Toronto).  

todo esto que se ponen en escena los primeros días y consecutivas semanas de la llegada de un nuevo miembro, crearán nuevos caminos en el cerebro del hombre.

Pareciera que el cerebro del hombre igualmente se prepara para la aventura de la paternidad y que estas modificaciones son dinámicas y van evolucionando según el nacimiento y desarrollo del recién nacido. Con respecto a la última idea, el momento del nacimiento, se tienen datos de que el cerebro del hombre experimenta otros cambios en su bioquímica produciéndose un pico de dopamina y oxitocina, las mismas hormonas que segregamos los seres humanos cuando estamos enamorados. En el caso especifico de la oxitocina, (hormona del amor) se le conoce por su repercusión en la creación de vínculos afectivos, y en lo que respecta a la dopamina este neurotransmisor está involucrado en la búsqueda y la repetición del placer, en este caso específico aquel que se genera por el contacto físico y las interacciones del padre con su recién llegado hijo. Así lo mostraron las investigaciones de Ruth Feldman y Ilanit Gordon, pioneros en estudiar la correlación que existía entre la oxitocina y la relación padres e hijo, mostraron que los niveles de oxitocina aumentaban de la misma manera en el padre y en la madre durante los contactos amorosos con su hijo, a condición de que ambos se ocupen con cariño en el cuidado del bebe.

Lo que nos sugieren estos resultados y otros que conoceremos mas adelante, es que una vez que el hombre deviene papá, y si éste continúa disponible a dejarse mecer y fluir por ese mundo de hormonas que le contagió su mujer embarazada, será entonces el turno de su retoño, cuyo olor seductor y adictivo de cabecita y nuca, lo guiaran hacia una trampa que la naturaleza les ofrece. La “trampa” a la que hago alusión se trata de una relación de apego que se establecerá en la intimidad de la triada, del nido sensorial que envuelve al bebé. Situaciones simples, pero complejas, interacciones dulces pero muchas veces desesperantes dado el cansancio y la novedad de la situación; todo esto que se ponen en escena los primeros días y consecutivas semanas de la llegada de un nuevo miembro, crearán nuevos caminos en el cerebro del hombre.

Winnicot considera que este es unos de los roles más importantes del hombre… proteger la burbuja madre-bebe

Pero no todo termina ahí, otros circuitos un tanto arcaicos se despiertan (los relacionados con el miedo y las emociones más viscerales) para ponerse al servicio y resguardo de la cría y de la madre de éste, finalmente de lo que se trata es de proteger su territorio y ambos forman parte de él. Winnicott considera que este es uno de los roles más importantes del hombre como padre y como esposo en los primeros días del nacimiento del bebe, proteger la burbuja madre-bebe de cualquier factor que perturbe u obstaculice los cuidados maternales y por ende la creación del vínculo. Los factores pueden ser de cualquier índole, económicos, de seguridad, de ataques de otros miembros de la familia.

Continuando con esta idea de protección que plantea Winnicott, Ruth Feldman, de la universidad de Yale (Estados Unidos) y que igualmente trabaja en Israel, en la temática “La relación padres e hijos”, en una investigación realizada en el 2007 corrobora lo planteado hace varias décadas por este psicoanalista ingles y va todavía más lejos,  mostrando la influencia preponderante de padre en la dinámica de la relación familiar;  sosteniendo que “su apoyo e implicación disminuyen las ansiedad maternal y el riesgo de depresión, así como el aumento de la cohesión familiar”. Una vez más queda demostrado que la figura del padre está lejos de ser mero soporte para la madre, o una figura pasiva o antagónica.

Haciendo alusión a estas últimas imágenes, de protección y apoyo del macho humano hacia su mujer y su cría, puedo argumentar que en mis intercambios con otras mujeres de diversas culturas, me he podido percatar que la mayoría sentimos en nuestros maridos una fuerte angustia durante la etapa del embarazo, la cual no disminuye con el nacimiento del bebé. La angustia a la que hago referencia tiene que ver con la idea de que el niño cuente con cierta seguridad y estabilidad material, hay una constante preocupación por el futuro, hacer planes a largo plazo, como el jardín de niños al que irá, o a muy largo plazo, comenzar a ahorrar para sus estudios universitarios etc. Parece ser que los roces, juego e interacción con su retoño, producen conexiones neuronales que se activan en su corteza prefrontal las cuales tienen que ver con este tipo de pensamientos anticipatorios, de predicción y preocupación por el futuro. Una vez más, vemos como las interacciones que se suscitan entre el hombre y su bebé producen beneficios impresionantes en la cognición y en la conducta de éste.

Algunas mujeres, en las que me incluyo, al descubrir esos sentimientos de inquietud, protección y ternura poco vistos hasta aquel entonces, y sobre todo el modo como son expresados, nos resulta muy seductor y nos debela una faceta de la personalidad que nos agrada descubrir de nuestro compañero.

El amor romántico y erótico en la relación de la pareja… y el recién nacido

Pero qué pasa con el amor romántico y erótico de la relación de pareja, en una ocasión escuche a una psicoanalista francesa decir, que es necesario devenir padres en todas sus dimensiones y la biología le da la razón, pues las recientes investigaciones muestran que estos afectos y emociones se van trasformado de manera muy positiva por la llegada del bebé, a condición claro está, que ambos estén dispuestos y maravillados ante la aventura que les espera. Cuando el amor de pareja es de tal complicidad se produce lo que los científicos llaman síndrome de couvade o embarazo empático que tiene diversas manifestaciones en el hombre; van desde experimentar síntomas parecidos al de sus mujeres embarazadas, -ganar peso, fatiga, antojos- así como una afanosa preocupación por disponer todo para la llegada del bebe. Este fenómeno parece estar presente en diversas culturas, pero se ve más frecuente en ciertos casos, como por ejemplo, en parejas que han tenido dificultad para tener hijos.

…el apego en toda su dimensión, no es exclusivo de las mujeres, si no de la capacidad de afección y de los cuidados que se le dé al bebe

Lo que sugieren con estos datos es que el amor en esos tiempos (embarazo, parto, posparto) se torna menos erótico y si más delicado y sensorial, que pasa más por los detalles, cuidados y muestras de afecto, es como si el cerebro del hombre se volviera más femenino, es más atento y protector, así lo refieren un grupo de mujeres entrevistadas en el programa de divulgación científica redes (El cerebro Masculino). No es de extrañarse, las hormonas, (estrógenos, oxitocina, prolactina) que inundan el cerebro del hombre lo vuelven más empático, lee con más rapidez los gestos y tonos de voz, es menos agresivo y más delicado en sus gestos, todo esto necesario para prever de cuidados al recién nacido y a la madre de éste. Estas hormonas a las que hago referencia, suelen estar  particularmente más presentes en el cerebro de la mujer y todas ellas están relacionadas con sus ciclos de fertilidad, embarazo, protección y alimento a la cría, lo que traducido al plano emocional, querría decir, entre otras cosas: creación de vínculos de amor, bien estar, empatía, cuidado y protección. Lo que nos vienen a demostrar estas recientes investigaciones es que la creación de el apego en toda su dimensión, no es exclusivo de las mujeres, si no de la capacidad de afección y de los cuidados que se le dé al bebe. Lo que se pone en escena, es la diferencia con respecto al cómo interactúa el hombre y su bebé, así como las manifestaciones de afecto, y de sincronización gestual que se producen durante estos efervescentes encuentros, como lo señala en su libro Dr. Chaterine Gueguen en su libro “pour une enfance heureuse”

Pareciera que todos estos roces afectivos y los momentos de fuerte carga emocional vividos durante el embarazo: primera ecografía, escuchar el latir del corazón del bebe, sus primeras pataditas; así como el consecutivo parto y los primero días de vida del bebé trasforman el cerebro del macho humano, un brillo deslumbrante en su ojos se deja ver, la relación con su pareja ya ha tomado otra dimensión, ahora es padre y jefe de la tribu, una enorme responsabilidad que encierra una poderosa carga afectiva la cual va en aumento según la frecuencia y la calidad de las interacciones con su hijo; dicho de modo simple, mayor es el contacto y juegos con su cría, mayor es el deseo de tenerle cerca para gozar de las delicias que provee la atmosfera de estos vínculos, dicho de un modo bioquímico tener un cerebro constantemente segregando oxitocina, dopado de amor, como lo demostraron en un segundo estudio de Ruth Feldman y Ilanit Gordon, realizado a 60 padres y madres de un primer hijo.

Lo que me sugiere toda este viaje de información y datos interesantísimos, es que las mujeres estamos biológicamente “programadas” para ser madres, pero los hombres son totalmente aptos para ser padres, lo que está inscrito en su ADN no es solo la búsqueda de un hembra para copular, para hacer descendencia, lo que nos regalan las neurociencias es aún más asombroso, aquella carga bioquímica y su consecutiva connotación emocional y cognitiva. La paternidad le da al hombre la oportunidad de sumergirse a un mundo que le puede resultar familiar, porque lo devuelve y lo confronta a su propia infancia, a la cercanía y cuidados de su madre, esas emociones arcaicas se avivan, así lo cree Winnicott y desde la perspectiva de las neurociencias, ciertos circuitos cerebrales guiados por las hormonas se despiertan de un largo sueño, y otros se crean para ponerse en marcha y modificar su cerebro de macho humano, y de tal modo sumergirlo en un baño de delicias y placer, es volver a estar enamorado, y querer nunca dejar de estarlo, quizás por eso muchos repiten esa experiencia de devenir padres.

Todo esto me hace pensar, que las mujeres tenemos una responsabilidad y un desafío colosal, dejar a los hombres ejercer y sobre todo disfrutar de su rol de padres, dado que la recompensa no es solo para ellos, también para nuestros hijos. Seguramente que no lo harán como nostras, lo harán como sus estructuras de macho humano le demandan, lo que complementa y equilibra el nido sensorial del bebé y su consecutiva construcción. Y para acabar, una idea a modo de hipótesis, cuanto más el hombre pueda experimentar su paternidad, mayor serán los cambios que ejercerá en su estructura cerebral y en la de su linaje, lo que quiero decir con esto, es que el impacto que tendrá sobre la educación de los varones y las niñas será significativo para las próximas generaciones: el primero porque ya no necesitará autorización para ejercer su rol de padre, lo vivirá como algo natural involucrarse en la crianza y el afecto de sus hijos, la segunda, porque las investigaciones pioneras, hechas por el psicólogo Jay Belsky, nos han demostrado el gran impacto que tiene en las niñas la figura del padre al momento de la adolescencia, su inicio de la vida sexual y la consecutiva elección de pareja. Dicho de otro modo estaremos educando para el futuro y porqué no, me aventuro a pensar que tendremos cerebros más habidos de crear vínculos vigorosos, posiblemente de comunicarse mejor, de procurar el bienestar del otro, de amar más libremente.

Publicado por

Mila

Mujer soñadora, Psicóloga forense, pero sobre todo madre de 3 hijos de los cuales he sido màs alumna que maestra...

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