La adolescencia

El adolescente dentro de esta nueva odisea evolutiva, tendrá que hacerse un lugar en el mundo de esos iguales que similar a él o ella atraviesan por algo parecido pero deseando diferenciarse.


La adolescencia es un verso a la libertad, pero no cualquier verso ni cualquier libertad. Es aquella que describirá a modo de rimas agridulces los venideros años de nuestra vida de adultos. Para Winnicott “se trata de un periodo de gran aspiración a la independencia”, aunque no todas las veces el joven tenga los recursos, ni la experiencia para tal performance, como nos los explica en su libro Anne Lefèvre.

Si bien es cierto nada es totalmente determinante en la vida de un ser humano, sí que hay cosas que dejan una huella profunda en nuestro devenir, los primeros tres años de existencia, el inicio de nuestra vida en colectividad, pero es la llegada de la pubertad y su consecutiva adolescencia lo que va a enmarcar, por decirlo de algún modo, uno de los más grandes acontecimientos de nuestra existencia. Ya que son estos periodos con fuerte carga biológica y genética, así como psicosocial y cultural (la cultura juega un rol importantísimo en el cómo y la duración de la adolescencia) en los que el niño y la niña vivirán cambios que trastocarán su fisiología y su pensamiento; esa metamorfosis física y algo lenta que implica un momento de cierta pérdida para quien la vive, y al mismo tiempo de reorganización cognitiva, pues a ese nuevo cuerpo hay que dotarlo de una nueva representación, incluso una nueva identidad. Todo lo referido amerita ser observado desde otra perspectiva y no solo por su lado de conflicto.

…la parte biológico-genética se manifiesta y lo hace respondiendo a ciertos mecanismos bioquímicos presentes durante esta etapa.

La carga biológica y genética nos ofrece una respuesta a esta época de “caos”, de fascinante complejidad; la primera por el rediseño extraordinario que vivirá el cerebro del adolescente (poda de conexiones nerviosas, creación de otras, activación de nuevas áreas del cerebro…) y la segunda, se explicaría mejor desde la óptica, que la pubertad según si se es niño o niña se vive de modo no tan parecido; las diferencias ya antes mostradas durante la infancia se hacen más evidentes en esta fase. Pareciera que más allá del peso psicosocial y de lo esperado por la cultura a la que pertenezca el adolescente, la parte biológico-genética se manifiesta y lo hace respondiendo a ciertos mecanismos bioquímicos presentes durante esta etapa. Mientras que los chicos están más implicados en los juegos que involucran la fuerza, la competición entre ellos, así como el número de músculos que desarrollan, o aquellos jueguecillos de connotación sexual, todo ello en gran medida ocasionado por dosis elevadas de testosterona, misma que no solo repercute en los cambios físicos que experimenta su cuerpo, sino también participan en la  nueva definición de su realidad cognitiva y psicosocial. Por su parte las chicas, de manera general, están ocupadas por crear alianzas con sus pares, cuidar su aspecto físico, compartir secretos e intimidades de diversas índoles con sus amigas, parece ser que a mayor intimidad entre ellas, más se libera oxitocina, la cual conlleva no solo al delicioso placer de estar juntas sino que refuerza el deseo de conectarse; todo ello guarda una estrecha relación con el estrógeno ovárico que comienza durante la pubertad, como nos lo “cuenta” Louann Brizendine en su libro “el cerebro femenino”. Y lo más destacado y revelador es que las fantasías sexuales no es menester de los varones pues estas comienzan desde muy temprano en la adolescente, pero no tienen la misma connotación que con respecto a los chicos. Está claro que devenir biológicamente hombre y mujer, ocupa un espacio enorme en la vida de los jóvenes, pues trasgrede todos los aspectos de su vida.

…se habla de dos conquistas, aquella de la aventura sexual y la otra, no menos importante, la social.

Una vez más el cerebro, del hasta entonces niño, será esculpido por los cambios bioquímicos, así como por las experiencias que vivirá en grupo y en solitario, en la intimidad de sus contradicciones y de sus fantasías, en la complejidad de las relaciones que establecerá con sus iguales y con sus no tan iguales, pero ya no tan lejanos. Es una etapa privilegiada, el cerebro se rediseña, los aprendizajes adquiridos anteriormente pueden mejorarse e incluso cambiarse en su totalidad, gracias al constante flujo de información, a las conexiones que se establecen entre las neuronas y entre áreas del cerebro que solo se activan iniciado este momento.  

Una vez más la calidad de los vínculos que establecerá con esos otros que lo rodean serán de vital importancia no solamente para la consolidación de su personalidad incluso para un cambio de ésta. Algunos autores (D. Bainbridge, B. Egeland, M.H Ricks) se atreven a decir que si la aventura de crecer hasta el momento de la adolescencia no ha sido placentera o medianamente armoniosa, este momento puede significar un reajuste en ese modo de vivir y de percibir el mundo. Sobre todo se habla de dos conquistas, aquella de la aventura sexual y la otra, no menos importante, la social; dicho de modo coloquial, ambas corresponden a esa búsqueda, creación y establecimiento de una identidad (con todo lo complejo que esto implica y con su abordaje físico y psicosocial), pues el adolescente deberá alejarse de su base de seguridad, (en muchas ocasiones de modo definitivo) para establecer otras formas de vincularse, crear otros estilos afectivos. Dentro de esta nueva odisea evolutiva, tendrá que hacerse un lugar en el mundo de esos iguales que similar a él o ella atraviesan por algo parecido pero deseando diferenciarse.

A hoy sabemos que esta fuerte necesidad de establecer vínculos con sus pares, de alejarse de la mirada de los “grandes”, de participar en actividades artísticas, deportivas; de comprometerse en un ONG, y en algunos casos incluso, presenciar el surgimiento de grandes ideas creativas y revolucionarias (Albert Eistein a 16 años surgen sus primeras nociones acerca de la relatividad; Mark Zuckerberg cofundador de facebook a los 22 años) es un imperativo evolutivo. Dicho de otro modo, desatarse de otros y vincularse con otros podrían ser una explicación, seguramente entre otras tantas, a una necesidad biológica, una estrategia del cerebro para conquistar nuevos dominios en lo que respecta a la cognición; análisis, abstracción y creatividad, pues entran en escena áreas del cerebro poco o nada utilizadas anteriormente (lóbulo temporal y frontal, corteza prefontal). Estas mismas zonas establecerán durante este periodo una vigorosa relación entre sí, no solo en lo que respecta a las capacidades intelectuales y la memoria, sino también a lo que concierne a las reacciones emocionales (y más tarde a la gestión de las mismas), las relaciones sociales, la empatía y la comunicación.

Estos periodos de “crisis” evolutiva, parecen ser tan caóticos como necesarios…

Una vez más, las neurociencias y su gran soporte a la psicología social y evolutiva, nos ayudan a mejor entender el comportamiento de los adolescentes y nos hacen notar que nada es en vano en sus reacciones y constantes cambios de humor. Estos periodos de “crisis” evolutiva, parecen ser tan caóticos como necesarios, pues solo de este modo es posible llegar a tener un cerebro evolucionado como el que ahora poseemos, como nos lo explica David Bainbridge, en uno de sus libros, “adolescentes una historia natural”. Por lo tanto, aquellos cambios bioquímicos que experimentan los chicos y chicas durante la pubertad, esa constante segregación de hormonas que esculpen sus cuerpos, y también sus cerebros, son responsables del caos maravilloso que no podemos ver en directo, pero que constituye un hito y de los más sublimes en el desarrollo del ser humano, como nos lo cuenta de manera emotiva Eduard Punset en su programa de divulgación científica: Redes (“la adolescencia nos hizo humanos”).

Toda la sociedad desempeñamos un papel clave durante este periodo

Me acerco al desenlace de esta entrega, que ha sido rica en búsqueda de información, y observación (en mi trabajo como profesora) y que me ha permitido esculcar en mis memorias de adolescente y porqué no, mejor comprender al ser humano que ahora soy, así como ser más empática al momento de vincularme y trabajar con estos seres en recreación y rediseño. Siendo lo siguiente compartir estos datos que he recopilado y a través de la divulgación de la información crear nuevos estilos de cómo aproximarnos y relacionarnos con estos personajes de “rareza” interesante, que inundan nuestras aceras y escuelas. Estoy plenamente segura que los intercambios que establezcamos con ellos durante esta etapa, sobre todo si son satisfactorios, serán un factor de protección y de resiliencia, dicho de otro modo, si el adolescente logra sentirse aceptado, respetado, comprendido, si encuentra un lugar y su lugar en su medio escolar y social, será más llevadera la metamorfosis evolutiva que experimenta. Logrando quizás trasformar esa energía desbordante en algo creativo, deportivo, artístico etc., con respecto a esta última idea, Winnicott considera que la independencia a la que aspira el adolescente no es total, pues necesita del medio social para devenir y el medio social a su vez necesita de esa perspicacia, exaltación y pensamiento creativo, a lo que yo agregaría que son ellos y su energía motivadora lo que hace mover la sociedad y por ende la cultura. 

Por lo que de nosotros depende en gran medida que estos versos a la liberta, a la autonomía, a la emancipación culminen con un magnífico poema que pueda ser memorado cada que la vida adulta con sus interminables responsabilidades nos intente demostrar lo contrario.

Publicado por

Mila

Mujer soñadora, Psicóloga forense, pero sobre todo madre de 3 hijos de los cuales he sido màs alumna que maestra...

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