Apego

“Aime-moi, pour me donner la forcé de te quitter” B.C


La mayoría de los investigadores (etólogos, psicólogos y sociólogos) coinciden en que, el apego sería entendido como el vínculo afectivo que se establece entre el bebe y la persona que le cuida, igualmente coinciden en que para que el niño desarrolle toda su inteligencia y potencial emocional es vital y necesario el establecimiento de este lazo de amor. Por estadística es la madre la principal figura de afecto, aunque cabe mencionar que el bebé puede vincularse con cualquier otra persona con la que guarde cierta cercanía emocional y regularidad temporal.

Más allá de posibles definiciones, siempre necesarias para concretar nuestro mundo de palabras, el apego es un proceso complejo y sistémico; lo que quiero decir con estos dos términos es lo siguiente: para que se establezca este lazo amoroso, la relación deberá desarrollarse dentro de un nido afectivo, mismo que se verá influenciado por diferentes causas: naturales o biológicas de los padres y del bebe, la carga afectiva y cultural, las condiciones del parto, la calidad de los primeros intercambios, etc. Esta complejidad a la que hago alusión, denota la importancia y la belleza de la relación de apego, la cual tiene su génesis, desde mi particular visión, en la concepción del bebé y que se entreteje con mayor fuerza los primeros tres meses de vida del niño.

Es pues el bebé a través de los diversos mecanismos biológicos, (la succión, el olor de su nuca, el llanto y su naturaleza indefensa pero atirante…) que da el primer paso para el establecimiento de esta diada. Son sus primeras horas de vida y consecutivos días, el escenario temporal, en los que el recién nacido se da a la tarea de explorar el cuerpo de su madre y de buscar el contacto con ésta. Todo con el fin de recabar información que le afirme que ese cuerpo corresponde a la persona que lo ha portado; el olor, la frecuencia de la voz, el latir de su corazón, serán los primeros elementos que lo aseguren. Boris Cyrulnik considera que esta información el bebe la necesita para constituir un sentimiento de familiaridad. Si ante esta exploración un tanto arcaica, pero extraordinaria, el recién nacido encuentra una respuesta favorable, la odisea se repetirá y perfeccionará a cada contacto, o no, si por desgracia la madre no está disponible, lo que puede deberse a diversos factores. Dicho de otra manera, el modo que el bebe utilizará en sus consecutivas aproximaciones, dependerá en gran medida del “cómo” la madre respondió a tal búsqueda de indicios de familiaridad. Es por ello de suma importancia dejar hacer y ser a la madre con su bebé los primeros momentos, re-empoderarla en su don de mujer y en sus capacidades biológicas para proteger a su cría. Esto no quiere decir dejarla sola, sino dejarlos a solas: madre y recién nacido para que la intimidad y la exploración se den.

Haciendo un poco de historia, los estudios que más impacto han tenido con respecto al apego se remontan a 1941, con Jonh Bowlby, a quien le fue pedido realizar una investigación acerca de los niños que vivían en los orfanatos de Inglaterra, y entre las observaciones finales, una de las más destacada fue: la importancia de los cuidados maternales para un desarrollo saludable del bebé. Rene Spitz quien consagro gran parte de su vida al estudio del desarrollo del bebe de 0 a 2 años, así como la relación madre e hijo, constató que toda privación de un ambiente afectivo, sobre todo los primeros días de vida del recién nacido, detiene el crecimiento y su consecuente desarrollo psicoafectivo, dicho de otro modo, destaca la importancia del otro (sobre todo en edades tempranas) para devenir uno mismo. Más tarde Mary Ainsworth sostiene la tesis que “la figura de vinculo actúa como una base de seguridad, para la exploración del mundo físico y social del niño”, e igualmente pudo corroborar que cada niño tenía su manera de disponer de su madre (como base de seguridad) para explorar su entorno y que el modo variaba o dependía de las diferencias personales de los niños que observó. Esta misma visionaria mujer realizó los ya conocidos experimentos, que ayudaron a clasificar los tipos de vínculos que pueden establecerse entre una madre (o figura de apego) y su bebé.

Han pasado cerca de 6 décadas desde que se comenzó a hablar con más seriedad del apego y de los beneficios que aporta a corto y largo plazo. Para alegría de muchos, existe más investigación al respecto, que han hecho entre otras cosas, corroborar estas visionarias teorías e ir todavía más lejos. Referida búsqueda nos ha permitido valorar la importancia de la mujer gestante, así como de proveerle un entorno emocional, psicológico y médico favorable durante y después del embarazo (aunque no en todos los casos sea posible), pues como señalé al inicio es ella por estadística y biología la que porta al bebe y provee los cuidados primarios. Así mismo hoy gozamos de información extraordinaria que pone en relevancia la figura del padre, ya no sólo como mero observador de la creación del vínculo o como soporte significativo para su mujer, incluso que puede ocuparse de la crianza de su bebé (o tomar el relevo en casos graves), y establecer lazos vigorosos con éste. Esta relación de apego revestirá otras características, ya que resulta evidente que los rituales y estilos afectivos, darán un cómo “particular”, por llamarlo de algún modo, con respecto al de la madre. Para hacer más gráfica esta idea, observar cómo una madre porta a su bebe con respecto al padre. Finalmente, en lo que están de acuerdo los investigadores es que, lo que el niño necesita es un alguien (papá, mamá, tía…) que les pueda proveer de confianza, amor, escucha, que le lo introduzca con dulzura al mundo que desconoce, un mundo lleno de estímulos a los que solo pueden dar sentido, las palabras y la cercanía física.

Otros de los resultados de recientes investigaciones nos dice que el niño una vez que establece un vínculo vigoroso con la figura que le proporciona seguridad emocional, es capaz de ir a explorar su entorno, buscar nuevas experiencias, e incluso comenzar a tejer otros vínculos con ese “otro” que le rodea. Por lo que no hay conductas autocentradas como morderse, o pegarse, tampoco se muestra agresivo o da señales de desbordada ansiedad ante la partida y retorno de su madre, todo lo contrario, está contento de volver a verla y tiene muchas ganas de compartirle los fragmentos de mundo que ha descubierto desde su partida. Dicho de otro modo, la pequeña ansiedad que experimenta ante la ausencia de su figura primaria la pone a su disposición y se sirve de ella para construir su mundo interno el de las representaciones afectivas, donde recrea la imagen de su madre, o bien busca algún objeto que pueda sustituirla en espera de que ésta aparezca, mecanismos que denotan confianza en la relación que se ha creado, entre otras cosas. Boris Cyrulnik se aventura a decir que esa pequeña frustración que produce la desaparición de la madre, ayuda al niño a construir su pensamiento, pues la idea de que ella existe mismo si no está presente, (simbolizar trabajo complejo de cognición), lo impulsa a crear otras experiencias en espera de que vuelva, dando pie a la creación de una personalidad segura, creativa, y con miras a la resiliencia, tesis principal de esta autor y de lo que hablaremos en otra entrada. 

Quizás uno de los datos más recientes con respecto a la privación del establecimiento de una relación afectiva madre e infante (figura primaria-niño), son los realizados con niños de orfanatos en Rumanía, en los que se evaluó y observó con ayuda de scanner y neuroimagen, sin equívoco alguno, atrofias cerebrales severas, causadas por el abandono afectivo al que fueron sometidos desde los primeros días de vida estos infantes, término que B. Cyrulnik llama “biología del aislamiento afectivo”. Este neuropsiquiatra asegura que la privación de una relación de vínculo produce un cambio significativo y observable en la biología y desarrollo del cerebro, además de los consecutivos deterioros físico (talla y peso son menores en niños que no han contado un nicho afectivo coherente y vigoroso) y cognitivo.

Recapitulando, la experiencia nos dice que el bebe que no cuenta con un ambiente afectivo para desarrollar todo su potencial, que no obtiene respuestas a sus demandas de contactos, que es abandonado a un mundo sensorial sin explicación alguna, que no se le habla directamente o no se habla cuando se está en presencia de él, tiene significativas probabilidades de un desarrollo deficiente y su devenir como adulto se vislumbre caótico emocionalmente. A condición claro de que pueda haber otro adulto o una institución que pueda servir como sustituto emocional y de tal manera contribuir a continuar su desarrollo, tema del que abordaremos en otra entrega.

Lo que nos lleva a concluir, valga la expresión, que el alimento afectivo también hace crecer física y emocionalmente, también es necesario para nutrir el cerebro, para facilitar las conexiones nerviosas, pero sobre todo para crear la posibilidad de una personalidad vigorosa, segura, que tolera la frustración, pues también la investigación nos muestra que un niño que fue amado los primeros tres años de su vida, tendrá mayores recursos emocionales para sopesar las dificultades que uno que no ha tenido esa posibilidad; que ante algún momento de crisis podrá rebotar y retomar “otro” desarrollo, y porqué no aprender otros modos de afrontar los momentos críticos.

Lo que sugiero con este desenlace, es que el apego guarda una gran relación con la resiliencia, un niño resiliente, (lo sugieren diferentes datos de diversas investigación en temas de resiliencia), fue un niño que tuvo una base seguridad que le ofreció amor y sentido de pertenencia, mismo que lo inspiró a explorar, a crear otros vínculos (constelación de apego), que lo acompañó a buscar otros tutores de desarrollo; que lo amó con la condición de ser libre para ir y volver del nicho, con la premisa de que llegado cierto tiempo tendría que volar y crear su propio devenir. Tomando la idea del psicoanalista francés Gerard Ostermann, finalmente de lo que se trata el apego es de una separación, pero depende en gran medida de nosotros el cómo de tal performance, ya que es evidente que para desatarse es necesario estar atado, desde la metáfora o desde la lectura literal del termino.

 

Publicado por

Mila

Mujer soñadora, Psicóloga forense, pero sobre todo madre de 3 hijos de los cuales he sido màs alumna que maestra...

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