Crecimiento postraumático

Más allá del dolor está la resiliencia, la metamorfosis, el crecimiento postraumático


El caminante sobre la niebla, Caspar David Friedrich

Qué sigue después del evento traumático, qué hacer con este golpe y con lo que representa a nivel cognitivo, emocional y social; cómo retomar la “normalidad” después de la agonía que supuso el trauma o la acumulación de eventos dolorosos; qué factores involucran un proceso de resiliencia, qué papel juegan los lazos establecidos durante nuestra infancia, qué puede aportarnos la familia, el medio social y la cultura para retomar el curso de nuestra vida… de esto trata esta segunda entrada, de ir mas allá del concepto y la palabra, de poder comprender que la resiliencia es un proceso que involucra forzosamente al contexto, pareciera que para construirse y reconstruirse es necesario inmiscuir al otro, o dicho desde otra retorica “se necesita dos para hacer uno”.

Manciaux. Insiste en esta idea, misma que comparte con Cyrulnik, que la resiliencia es un proceso dinámico, y evolutivo, pero sobre todo destaca que no es absoluta o total, o que se adquiere una vez y así será para siempre. Al afirmarlo como un proceso dinámico y evolutivo, nos sugiere la reflexión de que no cabe la posibilidad de que sea lineal o una causa efecto, (omite cualquier idea de prodigiosidad) sino que depende de varios factores que pueden o no dar pie a este performance, como lo son: la naturaleza del trauma, el contexto, la etapa de la vida y la manera que la cultura autorice la expresión del dolor en cuestión. Por lo que la resiliencia desde la perspectiva de este pediatra francés se desarrolla en un escenario donde se necesita forzosamente de otro para poder llevarse a cabo.

Cyrulnik nos sugiere que para abordar el sujeto de la resiliencia, es necesario hacer hincapié en la importancia de diferenciar entre las pruebas de la vida, castraciones desde Dolto, frustraciones y crisis del desarrollo desde la psicología, y el trauma, y aquí podríamos extendernos en las diversas posturas… En lo que sí coinciden varios estudiosos en la materia, es que el evento traumático, detiene el curso normal de la vida de quien lo padece, en ocasiones lo despersonaliza, reviste dimensiones donde toda la personalidad del individuo está tocada y requiere de cierto tiempo para reponerse (vivir un duelo). Para Boris la manera o respuesta del cómo se afronte este momento traumático o “agonía psíquica” en palabras de él, será a condición de la existencia de diversos recursos, y de la accesibilidad que se tengan a éstos. Los recursos a los que hace referencia van desde los personales: aquellos que se han creado desde la infancia del niño y los del entorno más próximo, como lo es la familia, luego seguirían los amigos, contexto social y la cultura. Cada cual pondrá o no las condiciones para que el transe traumático sea o no, bien digerido. Cabe destacar que en muchas ocasiones, las condiciones ambientales no favorecen este proceso de resiliencia, y además pueden incluso entorpecerlo.

Boris Cyrulnik a estudiado a victimas que han atravesado eventos traumáticos de variada índole (guerra, aislamiento social, violaciones…), y ha observado que existen diversos momentos que pueden impedir o bien impulsar un proceso de resiliencia. Igualmente su trabajo conjunto con investigadores de diversas partes del mundo han planteado la posibilidad de medir la probabilidad de resiliencia en una persona y esto gracias a tres momentos claves, el individuo antes del “golpe” (coup) como se refiere de modo coloquial al evento traumático; durante: cuando se desarrolla el trauma, y después, cuando parece haber terminado, pero comienza la sintomatología postraumática o la reconstrucción.

Primero: la calidad de aquellos vínculos que el niño tejió en su infancia más temprana, dividiendo ésta en varios aspectos

El entorno afectivo y la memoria biológica: este instante hace referencia a la calidad de los vínculos que se establecen desde los primeros días de gestación, así como las interacciones que se tejieron durante los primero tres años de vida. Aunque el niño no va a recordar de modo consciente estas interacciones, hoy sabemos que la biología de su cerebro sí que se muestra seriamente modificada en caso de estar privado de tan necesarios y tempranos roses afectivos.

Mentalización: el bebe antes de acceder al mundo de la palabra como tal, se comunica, busca hacerse entender, desarrolla un universo preverbal que muchas veces es tutorizado y autorizado por sus padres. Más tarde cuando accede a la palabra, pero no la domina del todo, utiliza otros medios como el dibujo, el juego, el humor y se sirve de ellos para interactuar con su entorno, este modo de presentar su mundo interno a esos otros que conforman su cotidianidad da indicios de una personalidad segura de sí (característica encontrada las personas resilientes) y que además facilita la creación de otras relaciones fuera del entorno familiar.

Segundo: durante la agresión          

Se ha observado que existe menos síndrome postraumático mientras más lejano es el agresor. Cuando el agresor es alguien de la familia o muy cercano a ésta, existe mayor probabilidad de sintomatología ansiosa depresiva por parte de quien lo padece. Esto parece deberse al estado de incomprensión en la que es sometida la persona, tanto por la herida, así como por la ausencia de explicación del porqué se le ha hecho “tal” mal. Entonces no existe solo la vergüenza y culpa por lo acaecido, sino además el sentimiento de traición por aquel en quien se había confiado y querido.

Además no hay que perder de vista que cuando la agresión ha venido de algún miembro de la familia o cercano a ésta, en ocasiones lo sucedido es negado o en el peor de los casos se obliga a la víctima a callarlo, lo que acentúa el dolor y los sentimientos antes referidos, haciendo más difícil la puesta en marcha de un proceso de resiliencia. Lo que se quiere decir con esto, es que durante el evento traumático, hay que tomar en cuenta esta variable, entre otras muchas cosas claro está, para poder tener una idea de las condiciones en que se dará la resiliencia y en un medio terapéutico como tutorizar ésta.

Cuando la agresión viene de alguien lejano, reprender el camino se vislumbra menos difícil. Pues la persona puede hacer uso de diversos mecanismos de defensa, como racionalizar, o mirar las cosas en perspectiva, asirse de algo que pueda explicar las razones de lo acaecido, o bien hacer uso del mínimo de libertad que queda para decidir qué hacer con lo vivido y poner esto al servicio de un renacimiento.

Ultimo: Trasformar el horror en humor, o crear alguna cosa que lo vuelva más soportable de oír, leer…

Esta es mi parte favorita de la postura de resiliencia de Boris Cyrulnik y colaboradores. Y es que si durante el trauma uno logra sublimar el dolor, a condición de no negarlo puesto que el golpe está ahí, sigue haciendo daño, puede incluso doblarnos del mal que nos produce, pero si podemos escribir, dibujar, crear una pieza de teatro… dicho de otro modo, tomar distancia de eso que nos hace mal es un buen comienzo, un camino hacia lo que antes referí como el crecimiento postrauma. Esta toma de distancia se ha observado en victimas que han padecido graves y profundas heridas tanto físicas como emocionales. Ellas, desde la privación de la libertad, o durante el momento de horror, han desarrollado la capacidad de mirar las cosas en perspectiva, dando los primeros pasos para la reconstrucción de su ser. Viktor Frank, y Germaine Tillion, son ejemplos magníficos de resilencia y donde este punto se ejemplifica a la perfección, pues ambos casos fue durante su encierro que lograron hilar los primeros fragmentos de lo que sería su metamorfosis, y con su ejemplo consiguieron contagiar a quienes como ellos vivían el horror del encierro, las humillaciones, la privación de la libertad física, pero no aquella de su mundo interno.

  1. Después de la agresión:

El proceso de Resiliencia no requiere de ningún modo del olvido, mucho menos de reprimir, es necesario estar consciente que el recuerdo de lo padecido estará ahí hasta el final de nuestros días, es parte del proceso de devenir, pues uno es todo aquello que le pasa en la vida. Para Boris y análogos, hacer algo de ese momento trágico, de esa herida, es importante para la reconstrucción de la personalidad, para sublimar el sufrimiento. La idea de no quedarse sumiso ante la tragedia, no quedarse atrapado en el pasado, me parece una imagen fantástica, y afortunadamente estamos llenos de ejemplos de ello. Muchos de los grandes escritores, actores, compositores, activistas y psicólogos contemporáneos o no tanto, a través de sus escritos, composiciones, música, nos han dado la mejor cara del dolor, aquella de la creatividad, de la compasión, de la lucha. Pues han trasformado el horror que pocos están dispuestos a oír de sus bocas o en primera persona, en algo que todos queremos leer, escuchar, reírnos, formar parte y emocionarnos; de alguna manera nos han hecho participes de su metamorfosis y de la posibilidad de que se puede retomar la vida incluso cuando esta se rehusé a tomarnos la mano.

 

Publicado por

Mila

Mujer soñadora, Psicóloga forense, pero sobre todo madre de 3 hijos de los cuales he sido màs alumna que maestra...

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