Más allá del lenguaje y la comunicación

“Le corps d’un petit est tellement l’objet de soins maternants, qu’on en oublie qu’il est sujet”. F. Dolto

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Hace unos meses trabajé en la elaboración de un taller acerca de “cómo mejorar la comunicación padres e hijos”, lo que me llevo a desenmarañar una serie de conceptos no tan fáciles de diferenciar, pero muchas veces necesarios para comprender mejor de lo que se habla y en este caso de lo que se escribe, he aquí el efecto de mi breve pero exhaustiva búsqueda.

Resulta apasionante y vasto el tema de la comunicación, así como la relación que existe entre el lenguaje, la cultura, el pensamiento y la conducta. En nosotros los humanos, en lo que respecta a lo biológico asombra la disponibilidad cerebral para adquirir el habla, debe ser por ello que tenemos dos zonas específicas que intervienen en este proceso, aunque tal performance guarda relación intima con otras zonas cerebrales. Tal hito evolutivo parece diferenciarnos de los animales, y nos hace comunes al resto de los seres humanos que poblamos el planeta. Pero la expresión verbal de la lengua (el habla) así como la capacidad de intercambiar ideas, compartir “eso” o “aquello” que sentimos o pensamos de manera que el otro comprenda, no es sólo un proceso biológico, o un logro en el desarrollo del bebé que devendrá hombre, es un complejo fenómeno en el cual interviene la cultura, el medio social, la familia, y los vínculos que el nuevo ser (recién nacido) teje con su entorno más cercano; así como la disponibilidad que sus cuidadores le faciliten para introducirlo al mundo de signos y significantes, silencios y pausas, gestos y mímicas que conforman su lengua. Pues gracias a este proceso que llamamos comunicación y su aliado el lenguaje, el pensamiento evoluciona, la memoria se trabaja y construye; se elaboran conceptos, se adquieren conocimiento y lo más significativo para muchos seres humanos, en el que me incluyo, podemos trasmitir eso que aprendemos, eso que hemos vivido e incluso podemos a través del lenguaje (muchas veces en su representación física, el escrito) hacer un metamorfosis de los eventos pasados, (remanier según Boris Cyrulnik) sobre todo si estos han sido traumáticos. Siguiendo esta idea de la metamorfosis, el hecho de comunicarnos, o poner palabras a lo que sentimos, pensamos y vivimos, nos consiente a los humanos presentar nuestro mundo más íntimo, emocional e incluso desconocido, a ese “otro” (interlocutor) que nos observa, nos escucha y en muchas ocasiones dirige nuestro discurso. Pero para que tal discurso tome sentido y congruencia, o mejor dicho, en la medida que podamos gestionar lo que decimos, las palabras se deben acompañar de ciertas pausas, entonación, ritmo y volumen de la voz, así como de la sintaxis propia de la lengua que se habla, pues solo así el mensaje será entendido o no.

Pero qué relación guarda el lenguaje con nuestra compleja y a veces difícil tarea de acompañar e introducir al mundo a nuestros hijos, de humanizarlos como diría Dolto. Desde los primeros meses de gestación, el oído se encuentra entre los órganones que se desarrollan con mayor rapidez, además el hecho de que el bebe se desenvuelve en un medio muy sonoro, facilita la evolución de este órgano y por consecuencia el sentido del oído. Eso explicaría mejor, que el feto, sobre todo los últimos meses de gestación, reacciona a diferentes sonidos externos, entre ellos la voz de sus padres. Es pues la lengua de la madre que se hace un hueco en el cerebro en plena formación del bebe, su tono y cambios de voz comenzarán a darle las primeras impresiones de quien lo porta y quizás podrá comenzar a representarse el mundo externo que lo aguarda (idea muy cercana a hipótesis pilar de F. Dolto). Una vez venido al mundo, hoy sabemos con certitud, gracias a las neurociencia (aunque con anterioridad se había escrito mucho al respecto), que el recién nacido para ser estimulado de manera natural y armónica necesita que se le hable, su cerebro se desarrolla a través de las interacciones cotidianas, de los intercambios afectivos, de los cuidados, la alimentación diaria… así pues, para que todo esto tome sentido en este ser humano en formación, es primordial la comunicación, las palabras y los gestos que acompañan estos intercambios. Es pues a través del discurso de su madre, padre y hermanos que el bebé descubre ese universo de estímulos casi desconocido. Cada cual desde su realidad, que no es la misma, formarán en ese bebé una idea de lo que le rodea,  de lo que él es, del lugar que ocupa dentro de la dinámica familiar y lo que se espera de él. Es también el lenguaje y las consecutivas palabras que dirigimos al bebé, lo que le impulsará a buscar la autonomía, a salir de la prisión que supone su cuerpo, y a crear sus primeras ideas del mundo. Boris Cyrulnik nos refiere que, cuando el niño aún pre-verbal comienza a señalar con el dedo, es indicio de que hablará, pero también es señal de que entiende cuando se le habla, que comienza a comprender la complejidad de la realidad en la que habita, pero sobre todo, que al señalar con el dedo nos lleva a descubrir eso que le interesa, que le gusta, que quiere comer etc. Dicho de otro modo, pone en manifiesto su deseo, el propio (valga la redundancia), ya no es la madre quien habla por él, es él quien se vuelve dueño de eso que mira, que señala, que le interesa, inicio de una autonomía que muchas veces se acompaña de los primeros pasos.

Continuando con esta idea del impacto de las palabras en la construcción de la personalidad del niño, Laurence Darcurt, (psicóloga clínica y psicoanalista) dice a propósito de esto, “las palabras que dirijamos al niño, aquellas palabras crean sentido para que él pueda llegar a ser sujeto de su historia”. Es pues el lenguaje con toda su riqueza, lo que puede impulsar o frenar el desarrollo del bebé; son entonces las palabras y el cómo las decimos lo que pondrá en escena la belleza de la autonomía, y cuando hablamos de autonomía, hacemos un llamado a eso que el niño piensa y siente por él mismo y de él mismo, lo que otros teóricos de la conducta también llaman autoconcepto y autoestima.

Es pues el lenguaje una forma más de acaricia, de corregir, de control en ambas lecturas, de invitar a la calma, a la introspección, la propia y la de ese otro que nos observa. Hagamos pues un “buen” uso de él y que sea una herramienta positiva para educar con amor, empatía y respeto de lo individual y singular que posee cada niño en construcción.  

En la siguiente entrega, les haré llegar algunas pautas contenidas en el taller referido al inicio y que fueron en parte el porqué de esta entrada. Esperando sean un soporte más accesible al momento de dirigirnos a nuestros hijos, o alumnos, o para mejorar simplemente nuestro modo de dirigirnos a los otros.

 

 

Obra de Frida Khalo

Sugerencias bibliográficas

 

El primer libro que me permito recomendar es: El cerebro femenino de Louann Brizendine. Ella es neuropsiquiatra, doctora en medicina pero sobre todo una mujer valiente y pionera en el estudio del cerebro de la mujer, el impacto que tienen las hormonas en nosotras y cómo éstas modifican nuestras cogniciones y nuestra conducta. Es por ello que invito a la lectura de este texto increíble, pues creo que es un tiempo de bonanza para muchas mujeres, sobre todo en temas de información. La belleza de este libro es que nos aporta descubrimientos científicos, además de la experiencia de la doctora Brizendine en psicoterapia, ambas cosas bien fusionadas en su contenido y estilo, lo que hace valiosa y accesible la información que aporta.

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Igualmente les dejo el vínculo de una entrevista, a modo de equilibrar o legalizar la balanza, el tema es: El cerebro masculino. De tal modo nuestro análisis será más objetivo y quizás nuestras relaciones con ese “otro” sea más afable y empática. https://www.youtube.com/watch?v=dyKU_5Kriws

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Para aquellos que como yo, les gusta leer desde diferentes enfoques, les dejo otro libro, Las diosas de cada mujer, Quizás complementará sus ideas, fomentará algunas dudas o simplemente encontrarán un refugio, donde dar respuesta a cuestiones de carácter inconsciente. Una mirada desde la comprensión de ciertos patrones internos que nos “dirigen” y motivan a ser de un modo y no de otro; según Jean Shinoda esto se debe a que en nosotros subsisten ciertas diosas dominantes. Esta reconocida psiquiatra, analista jungiana y prolifera mujer, nos conduce de la mano de la mitología y su practica en  psicoanálisis jungiano a descubrir aquellas otras representaciones que también puede caber en el universo de la mujer.

 

El cerebro de la mujer y la maternida

« Une mère entourée affectivement et soutenue socialement offre de meilleurs bras» B. Cyrulnik 

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Más del 99 % del código genético de los hombres y las mujeres es el mismo, y sólo un mínimo porcentaje diferente. Curioso a mí parecer, que ante tal hallazgo radiquen los grandes contrastes, anatómicos, psicológicos, emocionales entre estos dos mamíferos, o más bello dicho, seres humanos. Pensar que esta desigualdad de 1% en gran medida se lo debemos a las hormonas, es fantástico, pero verisímil. Pues estas moléculas son quienes nos trasforman desde la gestación y juegan un rol preponderante en nuestra forma de ser, de pensar, de situarnos como mujeres y a ellos como hombres. Pues es gracias a esta diminuta discrepancia que se decide entre tener ovarios o testículos, entre tener altas dosis de testosterona o estrógenos, o en estar más preocupadas por descifrar el tono de voz y la mirada de mamá, que en ocuparnos de subir y bajar las escaleras, dando muestra del buen funcionamiento de nuestra motricidad larga. Pues si bien es cierto, desde que una niña nace está interesada por los contactos emocionales, las expresiones faciales, el tono de voz de quien la cuida, pero sobre todo hacerse ver y escuchar. Si la respuesta a esta demanda de amor es positiva refuerza su interés por interactuar y los lazos de apego se tornan una entramada robusta con su madre y su entorno. Lo antes descrito no insinúa de ningún modo, que los niños no se preocupen por el establecimiento del vínculo, sólo que dan muestra de otras destrezas, las cuales los hace tan encantadores, como diferentes de las niñas. En la niña esta búsqueda precoz, temprana de establecer contactos, es una necesidad de sus circuitos cerebrales, pues así se lo reclaman y lo consideran importante para su supervivencia, y no sólo la física y presente, sino que esta necesidad comprende una gama de diversos mecanismos que conformarán su personalidad y darán sentido a este complejo sistema neuronal y hormonal que somos las mujeres. De cierto modo, este desarrollo temprano de los circuitos dónde se gesta la inteligencia emocional, nos asiste para evitar el conflicto, pero no todo es dulzura en una niña que devendrá mujer, somos más obstinadas, jugamos más a dar órdenes, a la persuasión, (en el mejor de los casos), siendo nuestras aptitudes verbales nuestra arma “letal”. Lo que nos puede dar esa dosis de agresividad y “malicia”, tan necesaria para marcar territorio, escoger al mejor macho, cuidar aguerridamente nuestra cría….

Afortunadamente hoy en día, los estudios nos demuestran con suficiente certeza, que somos más susceptibles a las emociones de nuestro entorno, y todo lo referido con anterioridad no es mero discurso cultural. Parece ser que nuestro cerebro lleva millones de años perfeccionándose en estos circuitos neuronales, aquellos que guardan relación con la empatía, las relaciones sociales, la comunicación. Los mismos que han tenido y tienen una gran función a nivel evolutivo, pues son estos los que nos han ayudado como mujeres a gestionar grandes cambios, a evitar conflictos innecesarios… pero sobre todo a cuidar de nuestras crías de modo instintivo, o mejor dicho innato Por lo tanto, más allá de lo que se pueda decir o escribir acerca de la maternidad, hoy sabemos: es algo inscrito en nuestra biología como mamíferas, aunque también es cierto, no es todo lo que conforma a una mujer. Lo que resulta inequívoco, por lo menos a nivel cerebral, es que el embarazo y la consecutiva maternidad con todo lo que esto envuelve a nivel biológico, químico, físico, emocional, deja rastros, teje nuevos caminos, genera cambios, establece nuevas conexiones, deshace otras a nivel neuronal. Los científicos atribuyen tal metamorfosis al cambio en el metabolismo que experimenta nuestro cerebro debido a la acción de las hormonas durante y después del embarazo. Lo que después se traduce en modificaciones cognoscitivas y conductuales. Imaginar que hay estudios que muestran que con la regla, algunas mujeres experimentan un cambio de hasta un 25% de algunas de las partes de su cerebro. La regla como máximo dura 7 días, el embarazo cerca de 48 semanas, seguido del postparto, que poco se habla de él, sin embargo para muchas mujeres significa un replanteamiento de varios aspectos de su vida. Motivadas en gran medida por todos los cambios bioquímicos (ajuste de sus prioridades, donde el bienestar del recién nacido se torna un “imperativo biológico”) que se experimentan en este ciclo y que la gran mayoría lo vivimos en un silencio donde hay mucha bulla. Seguido, no menos sencillo esta la lactancia (o no) y la crianza del nuevo ser, cuya naturaleza lo hace necesariamente dependiente para ambas partes de la diada. Tal reciprocidad de dependencia, sensación que muchas madres refieren como “estar enamoradas”, explicaría mejor, que la depresión postparto sea menos frecuente en mujeres que dan pecho, duermen con su cría, interactúan de modo natural… Dicho de otro modo, todo aquello que ayude establecer un vínculo vigoroso con el bebé, y es que en tales procesos tenemos unas dosis extra de hormonas las cuales guardan estrecha relación con el amor y el goce, como son la oxitócina, prolactina y dopamina, esta última liada al placer y la recompensa.

Si bien es cierto, el cerebro de la mujer antes de llegar al embarazo, ya había experimentado otros momentos de fuerte irrigación hormonal, (intrauterino, pubertad infantil, pubertad). Sin embargo, sigue siendo éste, con su consecutivo devenir madre lo que más modificaciones genera a nivel cerebral, pues no es sólo lo biológico lo que se pone en escena, entran en juego un sistema de cambios y representaciones, ideas, afectos pasados y presentes, donde la cultura, la familia de origen, la pareja, toman o arrebatan un sitio en esta nueva escena de la vida de una mujer. Tal revolución de su estatus pasado, puede ser un trago amargo o dulce, desesperante o solitario, o bien un periodo que invite, por decirlo de modo romántico, a descubrir cualidades que se desconocían o a trabajar aquellas que estaban en cierto letargo y si bien va, a salir airosas de tal metamorfosis. Suerte que es el caso de muchas mujeres, entre ella Louann Brizendine, (psiquiatra estadounidense, pionera en el estudio del cerebro femenino), que en su libo: El cerebro femenino, nos conduce a descubrir, desde diferentes estudios y su práctica psicoterapéutica, los cambios impresionantes que acontecen durante este etapa, por referir algunos: mejora de la memoria espacial, mayor flexibilidad a los cambios y por ende mejor capacidad para adaptarse a éstos; su sentido del olfato y del oído se agudizan, y mejora su capacidad para hacer varias cosas al mismo tiempo y todo ello para proteger al bebé y garantizarle bien estar.

La manera armónica o no de ensamblar tantas partes, así como los soportes emocionales que se puedan tener al alcance, darán un todo más o menos dichoso, como bien sabemos dependerá de muchos factores que el ser madre sea una aventura fascinante, lo que sí es cierto es que la biología pone todo a nuestro servicio (no siempre y no para todas, y eso también es una realidad). Pero cuando las cosas se mesen de modo natural, ella nos prepara, nos manda mensajes de cuán capaces somos de crear, alimentar física y emocionalmente a nuestra cría, no por nada los dolores menstruales semejan a las primeras contracciones del parto, o tenemos senos que se “armonizan” con nuestros cambios hormonales, y en la parte psico-afectiva, somos más tiradas a la ternura, a la empatía, a saber leer emociones sin necesidad de las palabras, cualidades tan útiles al momento de la crianza de un bebe. Todo este mundo fascinante y “terrorífico” antes descrito, está a nuestra disposición, está inscrito en nuestros genes, pero sobre todo está ahí para que decidamos el momento a acceder a él. Es entonces, que me atrevería a decir, desde mi posición como mujer, que la maternidad es un don, don con lectura doble, pues se nos ofrece  (a modo de privilegio biológico) sólo a nosotras las mujeres, y somos sólo nosotras quienes lo ofrecemos a “otro” en forma de vida.    

Pintura: Diego Rivera

Sugerencia bibliográfica

Para todos aquellos que se toman el tiempo de leerme, les hago llegar mis disculpas, pues en un principio tenía como objetivo una entrada escrita cada semana; les informo que no podrá ser del todo así, pero sí de modo regular. Esto se debe a que la ilusión de crear un blog nace al lado de otros proyectos igualmente importantes y vinculados entre sí, y que seguramente podré de algún modo compartir con ustedes. Lo que es cierto es que no imagine que los proyectos coetáneos tendrían tan buena aceptación, y menos; lo qué demandarían en tiempo, el cual ya había pensado dedicar a investigar, armonizar y finalmente plasmar con prudencia y calidad en los artículos del blog. Ese es mi afán, que cada uno sea una invitación a la reflexión y al dialogo entre ustedes y yo.

Dicho todo esto, tendremos que esperar unos días para dar lectura a mi siguiente entrega, pues trabajo en ella arduamente, les adelanto que es acerca de la maternidad, y que tendrá dos o tres partes. Creo que ser madres trasgrede diversos aspectos de nuestra vida como mujeres, y merece ser observado desde diferentes visiones y posturas. Pongo toda mi pasión y esmero, pues sé del interés que despierta dicho asunto.

Por último este cambio de planes, me permite poner en marcha otra idea (pensada con anterioridad) para hacer más amena su visita al blog, y se trata de ciertas recomendaciones de algunos de los libros que me fueron útiles para la realización de los textos pasados. Igualmente podrán ser artículos de investigación, documentales, todo ello esperando pueda servir de apoyo o refuerzo a su labor como padres y quizás sirva de vía para enriquecer sus conocimientos, y por ir más lejos, de sembrar la duda que propicie una discusión interna, que se haga extensiva a este espacio. Estaré gustosa de recibir sus comentarios.

Boris Cyrulnik, Los patitos feos

Eulalia Torras de Beà, La mejor guardería, tu casa. Criar saludablemente a un bebe

Dr : Catherine Gueguen, Pour une enfance Heureuse

Nacer

 

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“Faire naitre un enfant n’est pas suffisant, il faut aussi le mètre au monde » B. Cyrulnik

Todo es una sonata dentro del vientre de su madre, su voz, el latir de su corazón y los otros órganos del interior de ésta. Todos estos elementos conformaran la banda sonora de su génesis, de sus primeras conexiones nerviosas, que aun cuando no las recordara dejaran una huella, un rasgo en su inconsciente, y probablemente estarán dando forma a su temperamento. Muchos bebés desde lejos primeros meses de vida intrauterina dejan ver o “esconden” esa particularidad temperamental que cada cual tiene al nacer.  Lo demuestran, pruebas recientes de ultrasonido que nos dan, a modo de regalo, datos del mundo sensorial del bebe antes de nacer y con ello de sus respuestas a los diferentes estímulos, en prioridad la  voz, y el estrés de su progenitora.

Y siguiendo el curso de esa sonata onírica, llegado cierto tiempo, como por arte de magia hormonal, se decide a nacer, (otros no, pero eso es otra historia). Viene a este mundo, donde la temperatura es abrupta, (algunos pediatras dicen que el cambio es tan drástico como, poner a un hombre adulto desnudo, a una temperatura de O°C grados), además, es casi ciego, y tardará unos cuantos meses para adaptarse a esta nueva gravedad, a la luz que deslumbran sus ojos aún cerrados y adormecidos por la balada cálida que fue el vientre de su madre. Para él todo irrumpe de manera brusca y repentina, los ruidos, los olores, todo se confunde, entre llantos, risas y la voz un poco más grave de su madre, suerte que ella está ahí, para aliviar tan necesaria “miseria”. Sin embargo ese ser aparentemente frágil, dependiente y que invita a la ternura, no nace tan indefenso y tiene un cúmulo de sorpresas en potencia, y es que su sola concepción y desarrollo, hasta el momento aquel de su nacimiento, han sido una odisea. Este mismo ser arrugado y blanquecino es un guerrero y en el vientre de su madre ya ha librado unas cuantas batallas, y superado algunos obstáculos, el resultado es: un hermoso bebe, con un cerebro cuya perfección esconde una aguda inmadurez, pero al mismo tiempo asombrosa, maleable, con casi todas las neuronas que precisara para el resto de su vida, (cien mil millones de células nerviosas) pero con la necesidad de establecer conexiones, esa será la función de su “nuevo” entorno. Este nuevo mamífero, el más dependiente de su especie, necesitará alimento directo a su boca para nutrir su cuerpo, pero sobre todo, demandará un nido sensorial que le aporte la seguridad, los cuidados y el afecto, para que pueda desarrollarse armónicamente, y con mira hacia la autonomía. Pero para lograr sofisticada proeza, es tal el modo asombroso de cómo esta cableado su cerebro, buscará y necesitará atarse, unirse, establecer un vínculo robusto y vigoroso con esa persona que le cuidará, y le alimentará, por estadística, será su madre, quien a ritmo de nanas, caricias y cuidados lo llevara hacia a papá, (él también está equipado para la crianza de ese recién nacido, y no sólo lo dice la ciencia, lo han visto mis ojos). El padre más que un soporte para la mujer, será otra mirada por la cual, el recién nacido podrá ver ese mundo íntimo que conforman sus padres, el cual le servirá de guía para hacer más soportable la aventura de crecer. Juntos formarán un triángulo sensorial, con sus alianzas, sus rituales conscientes e inconscientes, que a modo de trasmisión serán los cimientos de las primeras interacciones sociales, humanas, y muchas veces sin tener conciencia plena, de lo que será su vida de adulto. No hay que perder de vista, que de lo qué se trata no es sólo de engendrar a un ser, es también introducirlo al mundo y qué mejor si es de manos que aseguren; qué mejor forma de hacer desarrollar su cerebro, (establecer conexiones nerviosas, desarrollar áreas cerebrales…) que nutrirlo de cuidados, de afectos, de proximidad cotidiana, natural, que lo vinculen amorosamente a un entorno rico en experiencias de todo tipo, pero en prioridad positivas, que continúen siendo los andamios donde se construye una personalidad robusta, flexible, empática, y por ende resiliente.

La compleja y hermosa tarea de los padres se resume (desde mi particular mirar) entonces: en que aquella sonata que comenzó en el vientre de su madre, no concluya en una melancólica balada en su infancia, sino en un hermoso allegro, a la libertad, a la autonomía, a la buena estima hacia él y su entorno.

 

 

Tejiendo la metamorfosis de Mila

scan0002Como parte de mi metamorfosis, (en gran medida la maternidad), tengo como necesidad el compartir mis experiencias como madre, profesional de la salud mental y lectora apasionada. Igualmente este espacio tiene cómo imperativo el poder trasmitir los conocimientos almacenados a lo largo de mis años de vida personal y de constante formación, no sólo me refiero a lo intelectual, sino a todas esas experiencias enriquecedoras, trascendentes, de los diferentes roles que me toca vivir, ocupando como prioridad el ser mujer y madre. Y cómo estos han repercutido en mi forma de ver y comprender al ser humano durante las diferentes etapas de su desarrollo, lo cual va más allá de su concepción. Todo aquello que quisiera compartirles, nace de diferentes fuentes y autores (S. Freud, D. Winnicott, A. Bandura, C. Rogers, E. Morin, B. Cyrulnick, I. Filliozat, E. Punset, C. Gueguen, C. Álvarez…), se enriquece de diversas experiencias y contactos humanos; de esta mezcla de culturas que me han tocado vivir, (Mexicanas, española, francesa…) no todo el tiempo fácil de asimilar, sin embargo son ellas las que han dado forma a mi visión personal de ver al ser humano, un ser complejo: de un todo con muchas partes, que no podría, ni quiero disociarlo, pues sería de algún modo, privarlo de la belleza que posee en su complejidad, en su totalidad, en su singularidad.

Es por ello que de manera frecuente les invito a hacer un viaje por ese enigma que nos hace tan apasionantes para las neurociencias, y tiene su génesis un “poco” antes del embarazo. En esas fantasías o representaciones, conscientes o inconscientes, sociales o culturales del rol de cada cual, dentro de la dinámica familiar. Así mismo, dar respuestas juntos a esas cuestiones que como padres o seres humanos nos interrogamos y a menudo influyen en nuestra manera de percibir los acontecimientos diarios, en el cómo nos relacionamos y más tarde en los estilos de crianza que emplearemos con nuestros hijos. Pues si bien es cierto, recuperando un tanto la idea de Boris Cyrulnick, no somos nosotros, es nuestro mal estar, no es lo qué nos ha pasado, sino el cómo lo recordamos y discurso elaborado a partir de este resentir, lo que irrumpe en el disfrute de nuestro rol como entes transformadores y principales modelos de transmisión de valores y de armonía.

Para finalizar y dar paso a este nuevo comienzo, les comparto: cada artículo redactado se apoya igualmente, en los nuevos descubrimientos de la neurociencia, de la psicología, de saberes y metodologías que resurgen del tiempo, siendo éstas una excelente propuesta para abordar la difícil tarea que es educar, acompañar y hacer niños, padres, familias, entornos felices.